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EL IMPERIO DE ALEJANDRO MAGNO Y LOS REINOS HELENÍSTICOS


El dominio de Atenas se prolongó hasta las Guerras del Peloponeso, en las que se enfrentó a otras ciudades griegas (Corinto, Esparta....) pero acabó arruinada y, con ello, su etapa de hegemonía (dominio) sobre el resto de polis. Medio siglo más tarde, casi todas las polis cayeron bajo el dominio de un rey de Macedonia llamado Filipo II.
  
 

Macedonia, al norte de Grecia, era en el siglo IV a.C. un territorio aislado y agrícola, gobernado por una monarquía. El rey Filipo II, aprovechando los enfrentamientos de las ciudades griegas durante las Guerras del Peloponeso, se lanzó con un potente ejército (falanges) a su conquista. Hacia el año 338 a.C. consiguió el dominio de toda Grecia.
 
 
 
Su hijo, Alejandro Magno, le sucedió en el año 336 a. C.
Alejandro, en el 343 a.C., recibió como preceptor al filosofo griego Aristóteles de Estagira. Éste consagró tres años de su vida a moldear el impulsivo caracter del príncipe adolescente.
Durante su reinado consiguió:
  • Unificar las ciudades griegas para poder conquistar el Imperio persa llegando hasta la India.
  • Apoderarse de muchos territorios, conseguir muchas riquezas y abrir nuevas rutas comerciales.
  • Además, deseaba crear un único imperio, de Europa a Asia, con la base de la cultura griega, aunque cada territorio conservara sus formas sociales y políticas.
  • Pero la muerte de Alejandro en el 323 a.C., a los 33 años, truncó su proyecto imperial.

 


LOS REINOS HELENÍSTICOS
Tras la muerte de Alejandro, su inmenso imperio se dividió en reinos helenísticos: Egipto, Macedonia, Mesopotamia y el Imperio Persa.
Los reinos helenísticos, conservaron la cultura y la lengua griega y estuvieron gobernados por los generales de Alejandro que se volvieron monarcas autoritarios.

La ciudad de Alejandría, fundada en el delta del Nilo por Alejandro en el 331 a.C., se transformó en el símbolo de la nueva civilización helenística.
Alejandría era una ciudad de planta griega, llena de templos y monumentos. Su enorme faro, su impresionante biblioteca y su gran puerto la convirtieron en la mayor ciudad de Grecia y en el símbolo de la mezcla de Oriente y Occidente